El orgullo se ve bien. Se ve bien, y lo sabe.
Por eso es tan peligroso.
Todos hemos sentido ese momento en que defendemos una opinión que, en el fondo, ya no creemos. Ese momento en que no podemos pedir perdón, aunque sepamos que lo merecemos hacer. Ese momento en que necesitamos salir ganando — aunque nadie esté compitiendo con nosotros.
Le llamamos autoestima. Muchas veces es armadura.
David R. Hawkins, en El poder contra la fuerza, ubica el orgullo en el nivel 175 de la escala de conciencia. Es el nivel al que aspira la mayoría de la humanidad hoy. Y tiene sentido — después de la vergüenza, la culpa, el miedo y la ira, sentirnos orgullosos se siente como llegar.
Pero el orgullo se siente bien solo en contraste con lo que fue peor.
Sigue estando por debajo de la línea crítica de 200. Ahí es donde empieza el verdadero poder. El coraje.
En el Bhāgavata Purāṇa se cuenta la historia de Indra, el rey del cielo. Un año, los pastores de Vrindāvana decidieron dejar de honrarlo a él y honrar en su lugar a la montaña Govardhana — la que en realidad les daba pasto, agua y refugio. Indra se sintió insultado. Envió tormentas para inundar el pueblo entero.
Krishna no discutió con Indra. No necesitó defenderse.
Levantó la montaña con un dedo y la sostuvo siete días, protegiendo a toda la comunidad, sin necesitar que nadie lo viera hacerlo.
Eso es coraje: sostenibilidad silenciosa.
El orgullo se defiende. El coraje sostiene.
Esta semana, en la Membresía Hanuman, vamos a trabajar exactamente esto: cómo soltar la necesidad de tener la razón, y aprender a sostener lo que amamos — sin escudo, sin necesidad de aplausos.
Porque al final, lo que importa es qué estamos dispuestos a sostener.
Del Orgullo al Coraje — Lunes, 6:00 AM, por Zoom. Miembros: gratis / No miembros: $100 pesos. Regístrate aquí: https://vedamci.notion.site/364edfc83c23807fa44cc4e1caf2eac9?pvs=105
